Iglesia en camino de conversión

Iglesia en camino de conversión

Padre Rodrigo Magaña

El papa Francisco saluda a los feligreses a su llegada a la Plaza de San Pedro para su audiencia general semanal el miércoles 4 de septiembre de 2013. (Foto AP/Riccardo De Luca)

Cuando la comunidad eclesial no se convierte por la inspiración interior del Espíritu Santo, Dios se encarga de convertirla por otros medios.
El Señor nos está podando y las tijeras se las pasó a los periodistas y a los acusadores de gravísimos abusos entre otros.
Las Palabras y acciones del papa Francisco son como un diagnóstico sobre una enfermedad grave en el Cuerpo de Cristo. Tomar “medidas que a corto, mediano y largo plazo” suenan a ‘cirugía mayor, posoperatorio y rehabilitación’. Si hoy predicara un profeta podría ser Jeremías que afirma que la crisis del pueblo es tan grave y han implicado tantos órganos y se ha expresado de tantas manera que, la esperanza, solo vendrá después de un tiempo de destierro.
Muchos señales se han dado sobre la enfermedad en la comunión eclesial: algunas bien dadas y otras mal dada, pero señales verdades al fin. Lo que hemos vivido va mucho más allá de los abusos sexuales; sin disminuir en nada lo tremendo e injustificable de esta situación.
Muchos hemos tenido pena, culpa, y rabia porque esta enfermedad tal vez fue tratada como una gripe con remedios insuficientes.
Necesitamos crecer mucho no solo para recibir sino para escuchar hondamente tanto dolor. Esto no es solo tema de la jerarquía sino de todos nosotros.
La verdad padece pero no perece decía santa Teresa de Ávila, por eso podemos bendecir a Dios porque hemos recibido un grito de Dios remeciendo muchas cosas.
Una vez más pedimos perdón a las víctimas, en verdad queremos cooperar para avanzar seriamente.
Pidamos al Señor que si tanto está podando a comunidad por favor nos permita dar frutos no solo intra-eclesiales sino para la patria.
Las palabras y acciones del papa Francisco nos han dado esperanza porque la misericordia que exige este tiempo la asume teniendo en alma con la compasión de Dios y ante los ojos la miseria propia y del pueblo.
¿Quién debe cargar al herido? Jesús lo ha dicho en el Buen Samaritano: “anda y has tú lo mismo”. Individualmente no somos la solución pero unámonos para ser parte de ella. Ha dicho el papa “Ahora más que nunca no podemos volver a caer en la tentación de la verborrea o de quedarnos en los “universales”.
Las palabras del profeta Isaías pueden ayudarnos a avanzar para reparar tanto dolor: «Este es el ayuno que yo deseo: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no abandonar a tus semejantes. Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu herida se curará rápidamente; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: ‘¡Aquí estoy!’” (58,6-11)»